Reflexiones desde uno y otro lado del camino, a propósito de los Tiempos Líquidos.

lunes, 3 de mayo de 2010

Elogio de la hipérbole evanescente o de los nuevos usos de la hecatombe

Marc Augé denomina el tiempo en que nos ha tocado vivir como de “sobremodernidad” toda vez que es el exceso lo que le caracteriza. La “aceleración” de la historia, la multiplicación de sucesos no previstos, constituye un elemento clave a la hora de comprender nuestro tiempo fluido.

“Lo que es nuevo no es que el mundo no tenga, o tenga poco, o menos sentido, sino que experimentamos explícita e intensamente la necesidad cotidiana de darle alguno... Esta necesidad de dar un sentido al presente, si no al pasado, es el rescate de la superabundancia de acontecimientos que corresponde a una situación que podríamos llamar de 'sobremodernidad' para dar cuenta de su modalidad esencial: el exceso”. Marc Augé, “Los no lugares. Espacios del anonimato”, Editorial Gedisa.

Dicha superabundacia de acontecimientos tiene como corolario una lucha constante por la búsqueda de la diferenciación, del logro del impacto, en el marasmo de dichos y hechos. Asistimos a una multiplicación de la singularidad: todo acontecimiento, si quiere atraer la atención, debe presentarse ante la audiencia como nunca antes vivido, superior en el “exceso” a lo anteriormente conocido.

Cada poco tiempo asistimos a un evento que se denomina así mismo como el “acontecimiento del siglo”; las crisis son, en su exceso, superiores a todo lo anteriormente conocido; los nuevos usos sociales (las redes sociales, los proyectos colaborativos, los Ipads de turno, etc.) van/ están cambiando nuestra visión de la realidad y nos proponen entrar en una nueva era prometedora de vivencias y experiencias jamás anteriormente soñadas, etc. Todo parece prometer un distanciamiento de nuestro pasado reciente, de la historia que hemos conocido.

La “sociedad del espectáculo” en nuestra época sobremoderna no busca hacer del simulacro una inversión de lo real, ni tan poco se erige en un analizador de las condiciones de producción/consumo imperantes: cuando lo real es sólo un “momento” de lo virtual, cuando el sentido es sólo un vínculo de lo hipertextual, cuando la “red” se vivencia como expresión de lo social; entonces los términos implosión-explosión colisionan, haciendo emerger líneas de fuga (los excesos del tiempo, espacio e individualización de los que habla Marc Augé) de las que todas las hipérboles actuales son sus manifestaciones más visibles.

La imposibilidad ideológica desde la que se posicionan los “excesos” y las hipérboles (no pretenden instaurar un marco de comprensión desde el que entender la realidad, ni buscan definir cuál es el horizonte temporal/social que dará sentido al actualmente vivido), hacen de lo evanescente la condición de posibilidad de su propia inteligibilidad.

Es en tal sentido, en el que la hecatombe (“el sacrificio de los 100 bueyes”) constituye hoy más que nunca expresión simbólica de nuestro modo de hacer frente a las angustias que nos acechan y caracterizan:

“Cuando vivamos con el sentimiento de que 'pronto' el hombre sólo será hombre, entonces empezará la historia, la verdadera historia. Hasta ahora hemos vivido con ideales, de ahora en adelante viviremos 'absolutamente', o sea, cada uno se elevará en su propia soledad. Y no habrá ya individuos sino 'mundos'” E.M. Cioran, El ocaso del pensamiento. Editorial Tusquets.

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